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Interrupciones, multitarea y falsas urgencias: los «ingredientes» de una mala dieta laboral, según Gi Group Holding

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Las interrupciones constantes, las reuniones sin un objetivo claro y la falta de pausas pueden incrementar la sensación de carga y afectar a la concentración y al bienestar a lo largo de la jornada laboral. Priorizar tareas, reducir distracciones, reservar bloques de concentración y respetar los momentos de descanso son algunas de las claves para avanzar hacia una jornada más equilibrada y eficiente

La jornada laboral no solo se mide en horas, también existe un «coste energético» asociado a determinados hábitos que se repiten a diario y que pueden afectar a la concentración, el rendimiento y el bienestar de los profesionales. Interrupciones constantes, multitarea, reuniones que podrían resolverse en unos minutos o mensajes que convierten cualquier asunto en una urgencia son algunos de los ingredientes de una «dieta laboral» poco equilibrada.

En este sentido, Gi Group Holding, multinacional que ofrece soluciones 360º de RRHH, ha elaborado un listado de los principales hábitos que están «engordando» la carga de trabajo para identificarlos y sustituirlos por hábitos que favorezcan una gestión más eficiente:

  • La multitarea o el picoteo laboral. Saltar continuamente de una tarea a otra puede fragmentar la atención y dificultar la concentración. Aunque realizar varias actividades a la vez pueda parecer una forma de aprovechar mejor el tiempo, cambiar constantemente de foco aumenta la sensación de carga y hacer más difícil avanzar de forma efectiva.

  • Las interrupciones equivalen al azúcar rápido. Un mensaje, una llamada o una notificación pueden parecer un pequeño chute de energía en mitad de la jornada, pero, igual que ocurre con el azúcar, su efecto es inmediato y pasajero. El problema aparece cuando se suceden uno tras otro: pequeños cortes que, acumulados, terminan restando energía y dificultando mantener la atención en lo que realmente importa.

  • Las falsas urgencias, la cafeína laboral. Cuando todo parece urgente, el profesional permanece en un estado de alerta constante, saltando de una tarea a otra y reaccionando continuamente a lo que ocurre a su alrededor. Igual que la cafeína puede proporcionar un impulso inmediato, convertir cada asunto en una prioridad mantiene el ritmo de la jornada elevado, pero no necesariamente ayuda a trabajar mejor.

  • Las reuniones innecesarias como las calorías vacías. Las reuniones forman parte de la dinámica habitual de cualquier organización, pero cuando carecen de un objetivo definido o no requieren la participación de todos los asistentes, pueden consumir un tiempo considerable sin generar resultados concretos.

  • No hacer pausas o saltarse comidas. Trabajar durante periodos prolongados sin realizar pausas puede afectar a la capacidad de concentración y aumentar la sensación de cansancio a medida que avanza la jornada. Incorporar momentos de descanso permite recuperar energía y mantener la atención, especialmente ante tareas que requieren un esfuerzo sostenido.

  • Procrastinar es aplazar el plato principal. Posponer las tareas que requieren mayor concentración y esfuerzo puede generar una sensación de alivio momentáneo, pero también incrementar la carga mental a medida que avanza la jornada. Afrontarlas cuando la energía y la capacidad de atención ya han disminuido puede aumentar la percepción de dificultad y la presión por completarlas.

Claves para una jornada más equilibrada y saludable
Frente a estos hábitos, Gi Group Holding propone aplicar algunos principios básicos para conseguir una «dieta laboral» más equilibrada. El primer paso consiste en planificar las prioridades de la jornada, agrupando tareas similares y estableciendo momentos concretos para consultar el correo electrónico y los mensajes, en lugar de responder de forma constante a cada nueva notificación. También resulta recomendable reservar determinados bloques de tiempo para aquellas actividades que requieren mayor concentración, así como diferenciar entre lo que es realmente urgente y aquello que simplemente requiere atención.

Del mismo modo, una gestión adecuada de la energía pasa por reducir las reuniones que no cuentan con un objetivo claro, introducir pausas reales durante la jornada y limitar las notificaciones en aquellos momentos que requieren mayor foco. Por último, dedicar unos minutos al final del día a revisar las tareas pendientes puede ayudar a cerrar la jornada y evitar que las obligaciones laborales se trasladen mentalmente al tiempo personal. El objetivo es organizar mejor el tiempo y gestionar de forma más eficiente la energía disponible a lo largo del día.

«En ocasiones, asociamos productividad con hacer más en menos tiempo, cuando en realidad también depende de cómo gestionamos nuestra atención y nuestra energía a lo largo de la jornada. Reducir interrupciones, priorizar mejor y reservar espacios de concentración puede ayudarnos a trabajar de forma más eficiente, y terminar el día con una menor sensación de carga», señala Ana Ruiz, Learning & People Development Manager de Gi Group Holding.

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